Percibo cierto distanciamiento con Barba Azul. Antes me pasaba las notitas por debajo de la puerta para pedirme el alquiler escritas a mano, y la última estaba escrita a ordenador. Después de eso, la siguiente vez que pasé por casa se había fundido otra bombilla y no había agua. Hemos estado así cuatro días. Bueno, han estado, porque yo me he largado a casa de mi novio. Pero ya les vale a mis compañeros de piso. "Pero, y Barba Azul, dónde está? A ver si se ha ido y nos ha dejado con todo el marrón. ¿Tú le has visto, has hablado con él?" "Si, si, ya se lo he dicho..." "Pero, ¿enfadado?" "No, enfadado no..." Joder, vale que seas un gabachito sympa, pero no se puede ser tan cool cuando vives con un hijo de la gran puta que te está realquilando la habitación a un precio muy superior al real, que seguramente no sólo no está pagando alquiler, sino que está ganando dinero con lo que nos saca, y encima no tiene la decencia de mantener el piso en condiciones, sino que es demasiado ruin para cambiar una bombilla o gastarse un euro en productos de limpieza. Cuando eso ocurre, te tienes que enfadar. Joder, yo tenía ganas de matarlo. Tenía sed de venganza. Marcharme de allí y regalarle la llave del piso a un grupo de mafiosos rumanos. Entrar en su habitación, revolverlo todo, encontrar las pruebas que necesito y denunciarle. Pedirle a un amigo que venga fingiendo ser un inspector de algo y acojonarle para que nos devuelva lo que nos ha estafado y se gaste de una vez la pasta en arreglar el piso. Lo que sea. Pero no quedarme en casa 4 días sin agua encogiéndome de hombros resignadamente. Y creyendo tal vez, encima, que a lo mejor esto en España es normal. Qué guay, qué pintoresco. Lo que voy a fardar cuando vuelva a mi país. No, si Barba Azul no es tonto, ni es casualidad que aparte de mi y él todos sean guiris en el piso.
Bueno, mejor lo dejo, que me estoy poniendo de muy mala leche.